El fallido plan perfecto para meter droga en la prisión de Álava

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Acceder a la prisión provincial de Álava por la entrada principal implica rigurosos controles. Tanto a los nuevos internos, como a los que vienen de un permiso o a familiares y allegados de visita. Los esfuerzos de los funcionarios se centran en cortar cualquier ingreso de drogas -cuyo valor se dispara intramuros- y de teléfonos móviles.

Un interno presuntamente ideó el plan perfecto para burlar estas medidas de seguridad. Gozaba de una situación privilegiada; es uno de los encargados de adecentar las zonas verdes del exterior de la instalación. También suele disfrutar de permisos con bastante asiduidad.

Según ha sabido este periódico, tras el último salió a la luz su 'negocio' paralelo. Como otras tantas veces, retornó a la cárcel de Zaballa tras unos días en libertad. Hoy se cumplen justo dos semanas de aquel regreso en teoría rutinario. Como marca el protocolo, superó varios controles antes de acceder al interior. Ocupó su celda, comió, cenó y, ya al día siguiente, desayunó con normalidad.

 Pertrechado con sus aperos de limpieza salió al exterior. En teoría desbrozó y adecentó una zona cercana a la última valla perimetral. Quizá pensando que nadie miraba, supuestamente recogió con disimulo un paquete oculto en la espesura. Lo metió entre sus herramientas y continuó con sus labores habituales.

Siguió a lo suyo hasta acabar el turno. Cuando volvió a la prisión lo hizo por un acceso secundario, con unos niveles de seguridad bastante más laxos. Sin embargo, su plan perfecto naufragó nada más cruzar los muros.

«Altercados por la venta»

Sus movimientos habían generado sospechas entre funcionarios de la prisión, que le sometieron a un cacheo sorpesa. Entre los aperos descubrieron nueve placas de hachís. Nada menos que 800 gramos. También escondía 15 gramos de cocaína repartidos en tres bolsitas. En la calle, esta mercancía le hubiera reportado alrededor de 5.000 euros.

«Pero hubiera tenido un grandísimo valor económico dentro del centro penitenciario, a la vez que generaría posibles altercados a la hora de su distribución y venta», alertan desde la Asociación Profesional de Funcionario de Prisiones. Este colectivo, por cierto, reclama «escáneres corporales» para evitar así otros casos similares. El Juzgado de Instrucción 3 ha abierto diligencias contra este recluso, quien se quedará sin permisos durante una buena temporada.

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